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LA CIUDAD QUE NUNCA DUERME

Las Vegas sin límites: espectáculos, lujo, luces, bodas y juego

Las Vegas es ese lugar en el que puedes hacer (casi) todo lo que no puedes hacer en el resto de Estados Unidos. Es un poco el Sodoma y Gomorra que se han inventado para dar rienda suelta a sus fantasías más alocadas.

¿Quién no ha oído hablar de Las Vegas? Muchos la incluyen en sus rutas a Estados Unidos y por muchas razones. Yo fui con un sólo objetivo: jugar un torneo de póker en vivo y la experiencia fue de película. Aquí os la cuento…

Así que dejamos atrás a los 8.000 cadáveres que te miran impertérritos en las Catacumbas de los Capuchinos de Palermo y nos vamos al desierto de Nevada, a esa ciudad también llamada la Ciudad del Pecado o la Capital del Entretenimiento Mundial.



Se dice que lo que ocurre en Las Vegas se queda en Las Vegas pero a mi eso me vale pito y os relato lo que yo viví, jeje. Aparte, si no lo hago, ¿¿para qué carajos escribo este post?? ¡Vamos allá!



Las Vegas es ese lugar de los USA en el que puedes hacer (casi) todo lo que no puedes hacer en el resto del país. Es un poco el Sodoma y Gomorra que se han inventado para dar rienda suelta a sus fantasías más alocadas. Juego, prostitución, espectáculos, lujo y luces, muchas luces en una ciudad que no duerme nunca jamás de los jamases. Despiporre a tope.



Los españoles somos expertos en eso del despiporre así que ese no era el gran atractivo para mí. Cuando fui, todavía el póker no era tan popular como lo es hoy pero a mí me parecía de lo más interesante. Yo no soy jugador de casino ni me parece divertido poner una fichita en un número a ver si la ruleta me hace rico porque me parece una forma muy absurda de perder el dinero.

Pero el póker es algo totalmente distinto. Es un juego en el que la suerte es manejable y variables como la psicología, las habilidades de cálculo y una mentalidad a largo plazo son más importantes. Si sabes jugar y juegas bien, ganarás dinero. Eso no se atrevería a decirlo un jugador de ruleta.



En aquel momento se jugaba la Serie Mundial de Póker (World Series of Poker o WSOP) en la ciudad y yo quería formar parte de la risas. Lógicamente no me iba a gastar 10.000 dólares en una entrada a ese evento pero hay muchos otros que se juegan de forma permanente en la mayoría de los casinos que copan Las Vegas. Tienen hasta calendarios y horarios para jugarlos durante las 24 horas si quieres.

Yo me fui al casino en el que se jugó por primera vez las WSOP en 1970, el Binion’s Horseshoe. La verdad, el entorno es de lo más peliculero. Jugadores de póker al más puro estilo cowboy, otros con camisa de flores abierta hasta el ombligo, otros trajeados como si vinieran de una boda, otros que no sabría bien cómo definir… En fin, la mayoría profesionales, algún que otro turista y yo.



Estudié el terreno y me apunté al siguiente torneo de Texas Hold’em Sin Límite (que es la modalidad de póker que hoy en día se suele ver en televisión). Pagué mi entrada 100 dólares “ameruicanos” y esperé a que me sentaran. Aquello es una fiesta de tiburones esperando a que lleguen los “mirlos” para desplumarles sin piedad. Y es que la mayoría de la gente que está allí vive de esto. Vive de jugar a las cartas la mayor parte del día. Es su trabajo.

Habría, no sé, unas 250 personas allí de pie estudiándose los unos a los otros y nos distribuyeron en mesas de 10. Nos sentamos y empezó el torneo. El ambiente era muy jovial, risas por aquí, comentarios jocosos por allá, los habituales del lugar como si estuvieran en el comedor de su casa… Buen rollito. La gente se iba eliminando y el número de mesas se iba reduciendo. Pasaban las horas y te echabas un pis corriendo en las cortas pausas que se hacían cada cierto tiempo. Todo era jiji, jaja, jeje, hasta que quedamos 10.



¡Había llegado a la mesa final! Y ahí se acabó el buen rollo. La gente se puso súper tensa, todo el mundo, sin excepción, se puso sus gafas de sol y las risas se acabaron de cuajo. ¿Por qué? Porque es la mesa final en la que se cobra dinero. El resto de los eliminados se fueron a casa de vacío (o a seguir jugando).

Los 10 remanentes van a cobrar pero no todos lo mismo. Cuanto más cerca al primer puesto, mucho más dinero. Si aquí la tensión se cortaba con cuchillo, no me quiero ni imaginar cómo será en un torneo ¡donde se juegan decenas de millones de dólares!

Yo empecé conservador pero las apuestas mínimas eran tan altas que tenía que salir con el hacha de guerra de vez en cuando. Cada vez que perdía uno, empezaban los gritos desgarradores, los cabreos sublimes, los desprecios entre jugadores y las caras de asco. Todo esto con las gafas puestas para que los contrincantes no puedan ver la expresión de tus ojos durante el juego. Un jugador profesional sabe lo que llevas solo con mirarte a los ojos.

Tengo que reconocer que me lo estaba pasando en grande. Llevábamos un montón de horas allí dándolo todo y no sabía ni qué hora era. La gente se fue eliminando y quedábamos cinco. Mis siguientes jugadas ya eran de lo más arriesgadas y con dos jugadas muy cutres (nunca mejor dicho porque en ambas ocasiones tenía una Q y un 3 en la mano) y un poco de suerte… ¡¡¡QUEDÉ TERCERO Y GANÉ 2.000 DÓLARES!!!  Me pagué el viaje, vi espectáculos del Cirque Du Soleil, comí genial y me tomé alguna copa que otra. ¿Qué más podía pedir?



Hace mucho tiempo que no juego al póker pero si algún día vuelvo a pasar por allí, lo mismo me apunto a un torneo baratito porque es muy divertido, dura más el dinero que en la ruleta y lo mismo ganas algo. Eso sí, ya os aviso que si no sabéis jugar vais a perder pasta. ¡Mejor gastaos el dinero en viajar! Que es lo que hago yo cuando puedo y es más gratificante. Y ese fue mi viaje a Las Vegas.

Pero no penséis que solo hay póker allí, no. Fiestas descomunales, restaurantes y hoteles de lujo, casamientos espontáneos, el famosísimo Cañón del Colorado muy cerca y, por supuesto, una foto con Elvis.
 

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